lunes, 10 de octubre de 2016

La soledad del árbitro

    En medio de este ruido de fondo no consigo escuchar el silencio.
     Estoy en la banda, calentando mis articulaciones, comprobando que mis ligamentos serán capaces de proteger mis huesos durante la carrera. Trato de concentrarme en el crujido de mis tobillos cuando hago movimientos circulares pero no escucho nada.
     Necesitaría, ahora más que nunca, el silencio. Apagar los walkies y las escuchas, bajar el volumen de las personas, de las noticias, de la música, de la risa, de la luna cuando crece, de las nubes, de las bombas de Alepo, de las urnas sin ranura, de los gritos, de las violaciones, de los rumores, de las hojas de los árboles, de los silbidos, de los aplausos en las veladas de boxeo, de las series de ficción, de la sangre a borbotones, de la velocidad de la luz y de los universos paralelos. No quiero móviles, ni periódicos del lunes, ni motores de neveras que suenan cuando no tienen cervezas que enfriar.
     Ahora debo buscar el silencio.
     Necesito saber qué hay en mi cabeza. Es hora de saltar al campo.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Sin perdón

Algún día te contaré lo que me gusta que andes por mi vida. 
Danzando, como un yogui, de un lugar a otro del planeta.
Y de mi apartamento.
Algún día te contaré lo privilegiada que me siento de conocerte.
Brillando como una luz de led, tendido al sol como si el sol brillara 
Poniendo canciones en ordenadores que no suenan y que tú consigues que suenen como debería sonar la vida cuando la vida mola.
Tendré que ponerte nombre, pero algún día te contaré.
Uno, dos, tres, cuatro cinco, tú, seis.
Te contaré.

jueves, 26 de mayo de 2016

Lo que nuestros amigos hicieron por nuestros amantes

Se sabe, más o menos a ciencia cierta, que hace 66 millones de años hubo una extinción masiva. Una de las cinco extinciones masivas que se conocen hasta ahora.
Y no fue la más grave.
Se sabe también, más o menos a ciencia cierta, que en 2030 habrá una pequeña colonia humana en Marte.
Inmersos como estamos, según aseguran, en la Sexta Extinción, me parece lógico que hagamos caso a Stephen Hawkin y nos larguemos de aquí cuanto antes.
Marte parece un buen lugar, sobre todo desde que Ridley Scott hizo allí de Matt Damon un buen actor.
Y de películas voy.
Porque, aunque ando decidida a enviar mi curriculum a las nuevas colonias, sé que cada mañana me enredo en mi propia extinción y, sentada al borde de la cama, ansío brillar como Roy Batti. Esto es, mucho y breve.
Pero me voy del tema.
Ando preparando la maleta por si hay que salir del planeta y, ante la evidencia de que no iré allí como hembra reproductora, me armo un buen discurso de consejera experimentada.
Y dándole vueltas a mi primera intervención en tierras marcianas, entiendo que, mejor que hablar, es meterles un pen drive con los mejores momentos de mi vida. Eso que en Alta Fidelidad llamó Nick Hornby "los momentos principales".
No es noche para hacer memoria de mis diez momentos principales, pero estoy segura de que, aunque venda mi alma al diablo para vivir mil años más, jamás podré sacar del ranking el placer de saber que nuestros mejores amigos superan con creces el placer perdido de los amantes que no tuvimos.
Cantemos, entonces, a las hadas de los sueños, como si ya se estuvieran escribiendo las crónicas marcianas.

martes, 3 de mayo de 2016

No me gustan los submarinos franceses

Si yo tuviera que ser un submarino, desde luego, sería el Octubre Rojo, uno de esos barcos de la clase Typhoon, equipado con navegación silenciosa de propulsión magnetohidrodinámica y comandado por un traidor a la patria cargado de razones.
Si yo tuviera que ser un submarino cuya tecnología va a pasar a manos del enemigo, desde luego, ficharía a Sean Connery para ser ese traidor cargado de razones. Al fin y al cabo, si has perdido a tu chica víctima de un mal sistema sanitario, lo lógico es que quieras destruir ese sistema sanitario.
Pero, debo reconocer, a veces me tienta ser un U 96, uno de esos submarinos del tipo VII C que Alemania hizo grande de tanto cruzar el Estrecho, subir a Vigo y bajar de nuevo al Estrecho. Su tripulación,  joven y poco experimentada, era capaz, sin embargo, de asumir órdenes si el capitán era de fiar Lo que se llama un Das Boot en toda regla. El barco es bueno, la tripulación es buena, pero el capitán es mejor.
Es importante el asunto del capitán, porque, si vas en un submarino, te pueden pasar muchas cosas chungas: desde que se abra la escotilla equivocada hasta que no funcionen las contramedidas en caso de disparo de torpedo enemigo. Pero puedo decir que la peor de las pesadillas es que los alerones de proa se vayan al carajo en una inmersión de emergencia. Ni te hundes, ni te hunden, pero no te estabilizas ni de coña  y pasas un miedo del infierno. A 270 metros de profundidad, el casco se aplasta por la presión, el aire no fluye y el miedo es intenso, pero, a diferencia del Octubre Rojo, tienes a alguien para cagarte en su puta madre cuando llegas a puerto. Se llama capitán Henrich Lehmann-Willenbrock , que es el tío que te ha salvado la vida. 

Aunque sean los más bonitos, no me gustan los submarinos franceses.
Últimamente hacen tratos con gente que no es de fiar.


jueves, 14 de abril de 2016

Leones como alfombras voladoras

Me pregunto qué piensan los leones cuando miran el cielo.
Sé algo de gatos, pero no de leones.
Cuando un gato levanta la barbilla es sólo porque lo que ve le mola. Así de simple.
En medio de la sabana, un león mira el cielo como un gato miraría el aire que respira.
Soy el aire que respiro.
Soy el cielo que se abre sobre mi cabeza.
Soy la cabeza que golpea contra el aire que respiras.
Soy el aire, el león, el golpe y quien respira.
Y subo sin miedo a los pedestales para mirar más alto.
Por muchas veces que haya querido ser tus ojos para entender cómo veías el mundo, prefiero el azul del cielo al de tus ojos.
Prefiero ser las olas, la mirada y la marea.





miércoles, 30 de marzo de 2016

Si yo pudiera ser Johnny Cash

Si yo fuera Johnny Cash y estuviera todavía vivo, confieso que le partiría la cara a ese tipo que se atreve a mirarte a los ojos a menos de cinco centímetros de tus ojos.

Si tú me dijeras que te quieres ir a casa porque sopla viento de irte a casa, confieso que primero miraría a mi alrededor, por si alguna de las chicas que andan con ganas de irse a casa me gustan más que tú.

Si yo fuera Johnny Cash, te pediría que no me llames nunca más.

jueves, 24 de marzo de 2016

El sitio de mi recreo


Cansada, tirada y con sombrero ladeado.
Los zapatos sucios, la camisa rota, las muñecas estrechas, y los dedos, también estrechos.
Y sucios.
De dónde vendré con esta pinta.
De dónde vendré sin caballo, sin rebaño, sin perro y sin calabozo.
De dónde vendré que no recuerdo ni canciones ni enemigos.
Ni sheriff que me detenga.
De dónde sopla el viento.
Hay nieve, hay fuego, hay deseo, aquí es donde me recreo.