De qué sirve, quisiera saber yo, cambiar de piso. Hay días que amanecen y una se parece a un poema de
Biedma. Me refiero a ese profundo cabreo ante la imposibilidad de mudar el alma que está en el sótano por un alma con visillos blancos. ¿Servirá al menos cambiar de armarios en la cocina? ¿Servirá arreglar el grifo del baño? Francamente, no sé qué resortes mueven los estados del alma. Ni a quién llamar cuando el espíritu se llena de grietas. Por cierto, esa pared de la escalera parece mi alma agrietada. Deberé poner cuidado, no vaya a ser que sea la desidia, y no este terrible calor de agosto, quien por fin la tire abajo.
1 comentario:
Supongo que los estados del alma te los cambia la vida, cuando quiere y como quiere, sin darte cuenta. Como cuando te enamoras. O puede que te la cambie escuchar una canción que te produzca maripositas en el estómago.
Un besazo MJ
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