Se sabe, más o menos a ciencia cierta, que hace 66 millones de años hubo una extinción masiva. Una de las cinco extinciones masivas que se conocen hasta ahora.
Y no fue la más grave.
Se sabe también, más o menos a ciencia cierta, que en 2030 habrá una pequeña colonia humana en Marte.
Inmersos como estamos, según aseguran, en la Sexta Extinción, me parece lógico que hagamos caso a Stephen Hawkin y nos larguemos de aquí cuanto antes.
Marte parece un buen lugar, sobre todo desde que Ridley Scott hizo allí de Matt Damon un buen actor.
Y de películas voy.
Porque, aunque ando decidida a enviar mi curriculum a las nuevas colonias, sé que cada mañana me enredo en mi propia extinción y, sentada al borde de la cama, ansío brillar como Roy Batti. Esto es, mucho y breve.
Pero me voy del tema.
Ando preparando la maleta por si hay que salir del planeta y, ante la evidencia de que no iré allí como hembra reproductora, me armo un buen discurso de consejera experimentada.
Y dándole vueltas a mi primera intervención en tierras marcianas, entiendo que, mejor que hablar, es meterles un pen drive con los mejores momentos de mi vida. Eso que en Alta Fidelidad llamó Nick Hornby "los momentos principales".
No es noche para hacer memoria de mis diez momentos principales, pero estoy segura de que, aunque venda mi alma al diablo para vivir mil años más, jamás podré sacar del ranking el placer de saber que nuestros mejores amigos superan con creces el placer perdido de los amantes que no tuvimos.
Cantemos, entonces, a las hadas de los sueños, como si ya se estuvieran escribiendo las crónicas marcianas.
jueves, 26 de mayo de 2016
martes, 3 de mayo de 2016
No me gustan los submarinos franceses
Si yo tuviera que ser un submarino, desde luego, sería el Octubre Rojo, uno de esos barcos de la clase Typhoon, equipado con navegación silenciosa de propulsión magnetohidrodinámica y comandado por un traidor a la patria cargado de razones.
Si yo tuviera que ser un submarino cuya tecnología va a pasar a manos del enemigo, desde luego, ficharía a Sean Connery para ser ese traidor cargado de razones. Al fin y al cabo, si has perdido a tu chica víctima de un mal sistema sanitario, lo lógico es que quieras destruir ese sistema sanitario.
Pero, debo reconocer, a veces me tienta ser un U 96, uno de esos submarinos del tipo VII C que Alemania hizo grande de tanto cruzar el Estrecho, subir a Vigo y bajar de nuevo al Estrecho. Su tripulación, joven y poco experimentada, era capaz, sin embargo, de asumir órdenes si el capitán era de fiar Lo que se llama un Das Boot en toda regla. El barco es bueno, la tripulación es buena, pero el capitán es mejor.
Es importante el asunto del capitán, porque, si vas en un submarino, te pueden pasar muchas cosas chungas: desde que se abra la escotilla equivocada hasta que no funcionen las contramedidas en caso de disparo de torpedo enemigo. Pero puedo decir que la peor de las pesadillas es que los alerones de proa se vayan al carajo en una inmersión de emergencia. Ni te hundes, ni te hunden, pero no te estabilizas ni de coña y pasas un miedo del infierno. A 270 metros de profundidad, el casco se aplasta por la presión, el aire no fluye y el miedo es intenso, pero, a diferencia del Octubre Rojo, tienes a alguien para cagarte en su puta madre cuando llegas a puerto. Se llama capitán Henrich Lehmann-Willenbrock , que es el tío que te ha salvado la vida.
Aunque sean los más bonitos, no me gustan los submarinos franceses.
Últimamente hacen tratos con gente que no es de fiar.
Si yo tuviera que ser un submarino cuya tecnología va a pasar a manos del enemigo, desde luego, ficharía a Sean Connery para ser ese traidor cargado de razones. Al fin y al cabo, si has perdido a tu chica víctima de un mal sistema sanitario, lo lógico es que quieras destruir ese sistema sanitario.
Pero, debo reconocer, a veces me tienta ser un U 96, uno de esos submarinos del tipo VII C que Alemania hizo grande de tanto cruzar el Estrecho, subir a Vigo y bajar de nuevo al Estrecho. Su tripulación, joven y poco experimentada, era capaz, sin embargo, de asumir órdenes si el capitán era de fiar Lo que se llama un Das Boot en toda regla. El barco es bueno, la tripulación es buena, pero el capitán es mejor.
Es importante el asunto del capitán, porque, si vas en un submarino, te pueden pasar muchas cosas chungas: desde que se abra la escotilla equivocada hasta que no funcionen las contramedidas en caso de disparo de torpedo enemigo. Pero puedo decir que la peor de las pesadillas es que los alerones de proa se vayan al carajo en una inmersión de emergencia. Ni te hundes, ni te hunden, pero no te estabilizas ni de coña y pasas un miedo del infierno. A 270 metros de profundidad, el casco se aplasta por la presión, el aire no fluye y el miedo es intenso, pero, a diferencia del Octubre Rojo, tienes a alguien para cagarte en su puta madre cuando llegas a puerto. Se llama capitán Henrich Lehmann-Willenbrock , que es el tío que te ha salvado la vida.
Aunque sean los más bonitos, no me gustan los submarinos franceses.
Últimamente hacen tratos con gente que no es de fiar.
miércoles, 30 de marzo de 2016
Si yo pudiera ser Johnny Cash
Si yo fuera Johnny Cash y estuviera todavía vivo, confieso que le partiría la cara a ese tipo que se atreve a mirarte a los ojos a menos de cinco centímetros de tus ojos.
Si tú me dijeras que te quieres ir a casa porque sopla viento de irte a casa, confieso que primero miraría a mi alrededor, por si alguna de las chicas que andan con ganas de irse a casa me gustan más que tú.
Si yo fuera Johnny Cash, te pediría que no me llames nunca más.
Si tú me dijeras que te quieres ir a casa porque sopla viento de irte a casa, confieso que primero miraría a mi alrededor, por si alguna de las chicas que andan con ganas de irse a casa me gustan más que tú.
Si yo fuera Johnny Cash, te pediría que no me llames nunca más.
jueves, 24 de marzo de 2016
El sitio de mi recreo
Los zapatos sucios, la camisa rota, las muñecas estrechas, y los dedos, también estrechos.
Y sucios.
De dónde vendré con esta pinta.
De dónde vendré sin caballo, sin rebaño, sin perro y sin calabozo.
De dónde vendré que no recuerdo ni canciones ni enemigos.
Ni sheriff que me detenga.
De dónde sopla el viento.
Hay nieve, hay fuego, hay deseo, aquí es donde me recreo.
viernes, 19 de febrero de 2016
A millones de años luz
Dame un poco de inhalador, de ese que sabes que me abre los bronquios. Conduce y conduce, no pares de conducir. Si paras, tus pulmones se paran. Dame un poco más de inhalador que me abra los pulmones.
No me dejes ese cigarrillo a mano.
Aparta, Que no me mire. Que se deshaga.
Mírame a los ojos , más de cerca, más de cerca, más de cerca.
Pero apaga la cámara y deja que sea la memoria la que nos abrigue hoy
Soy esa señal que sonó hace diez mil millones de millones de años y que ahora escuchas. Soy esa onda gravitacional que se se escucha en estéreo, (yo, que quería ser una onda discreta) y que vuelve sobre sí misma y se encuentra en un lugar en el que podría afirmar que nunca estuvo.
Soy paradoja y soy consecuencia.
Estoy en mis antípodas.
No soy Alicia a través del espejo.
Soy yo bajo mi espejo.
He dejado de fumar, pero estoy fumando todos esos cigarrillos que me volverán relativa a mi mentira y eterna en mi materia.
No dejaré de mirar a Lucy, en el cielo, con diamantes.
No dejaré de mirar el campo de fresas.
sábado, 12 de septiembre de 2015
Agua salada
-¿Tienes cambio?
- De qué
- De ropa, me dijo, tenemos que irnos.
¡Joder!, pensé, este tío sí que sabe, y me subí a su coche pidiéndole que parara en el decatlón para comprar algo que ponerme.
- Es absolutamente necesario.
No sabía qué era eso que era necesario, pero lo encontré lógico, teniendo en cuenta que nos daba el viento de cara y eso significaba que viajábamos hacia el oeste. Tengo comprobado que cuando se viaja hacia el oeste, todo parece ser absolutamente necesario.
- Descansa,
Y eso hice. Cerré los ojos y me ajusté las vértebras de la columna. De las lumbares a las cervicales.
- ¿Radio?
- Sí, por dios.
Y me relajé.
Ya era de noche cuando Supersubmarina hacía los bises en el DCode de Radio 3, y el coche seguía avanzando por la carretera.
- Yo debería estar en ese concierto.
El tipo no se dio por aludido, se desvió a la derecha por un camino de tierra y frenó en seco.
- Baja y cámbiate de ropa. Yo lo haré en el asiento trasero.
Escupí la uña rota que me acababa de morder y bajé del coche.
- ¿Estás?
- Estoy - contesté.
Subió el volumen de la radio, bajó las ventanillas y me empujó hasta la orilla.
- Date un baño, te lo has ganado.
Y me di un baño. Yo, que últimamente ando agazapada, me estaba hundiendo en agua salada, abrazada a un cuerpo que no había visto en mi vida.
Para cuando Suede llevaba tres canciones en la Complutense, a mi ya se me había pasado por la cabeza pedir una beca en ingeniería genética para estudiar a aquel tío, que hablaba como Tony Stark, nadaba como Michael Phelps y follaba como si fuera un ángel que se hubiera caído del cielo.
Fundido a blanco tras fundido a blanco, me dio por abrir los ojos.
- ¿Tienes cambio?
- ¿De qué?
- De 50. Los de la gasolinera dicen que no tienen. - Y añadió-. Mi madre siempre me dice que hay que llevar cambio de 50, que es absolutamente imprescindible.
Cuando llegué a casa Izal se venía arriba en Madrid ante 26.000 personas. Me quité la piel bajo la ducha y busqué en el armario el abrigo de pelo gris que a veces me pongo para tener los ojos abiertos. Volví al coche y, esta vez sí, tomé la A - 5 en la dirección correcta.
Tienes cara de estar agazapada
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Hora de tomar decisiones
Tengo un grillo en el patio de una casa que no es mía.
Tengo un gato en mi casa, que tampoco es solo mía.
Tengo un niño en esa casa, que es mi casa.
Tengo un tiempo precioso que perder.
Tengo alma justamente ahí, en el mismo lugar que te suele recordar que tienes alma.
Y una tele, que no es mía en ninguna de mis casas.
Tengo el privilegio de convertirme en Ironman cuando quiera.
O en Pepper, depende mi apetito sexual.
Tengo todo eso que hay que tener para no convertirme en estatua de sal.
Es hora de tomar decisiones.
Tengo decenas de hormigas, deseando subir al sofá como si fueran gatos que cantan como niños.
Y tengo un bote de insecticida para matarlas.
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