lunes, 22 de septiembre de 2008

El constante tránsito de lo oscuro a lo oscuro

El invierno es el tiempo perfecto para hacer cucharita, que consiste en adoptar la posición de la imagen con la modelo invertida en el lado contrario.
El invierno me hace pensar en la nieve que no veré en Sao Paulo.
Allí ha empezado la primavera y es por todos sabido que en la primavera tropical no nieva nunca.
Pienso en ello y pienso también en los millones de personas junto a los que caminaré en la ciudad. Millones de caras, cada una distinta y todas iguales. Caras con quehaceres y vaivenes, distintos a los míos y al mismto tiempo idénticos.
Leonid Andréyev, en "Los espectros", dice que la gente que entra y sale esta noche del Babilionia parece la misma gente, pero que no lo son. "En realidad son distisntos...", como los copos de nieve, "...en su constante tránsito de lo oscuro a lo oscuro".

3 comentarios:

jolmo dijo...

Digo yo que aquí en Madrid, ¿cuándo has caminado sobre nieve? Porque para cuatro copos que caen cada cinco años lo dan en todos los noticiarios...

Clara dijo...

Qué bonito Mariajo :) seguro que no pasas tan desapercibida como tú te crees... Me alegro de que vayas a la "tierra del buen rollito". Mi nueva jefa es brasileña y está todo el día de bromas. Está loca... como tú xD

A ver si hablamos un día un besito!! A cuidarse!!

Sergio dijo...

-¿Cuántos deseos puedo formular?
-Tantos como quieras... cuantos más mejor, Bastián. Tanto más rico y variado será Fantasia.
Bastián estaba sorprendido y emocionado. Pero, precisamente porque de pronto se veía ante una infinidad de posibilidades, no se le ocurría ningún deseo.
-No sé -dijo finalmente.
Durante un rato reinó el silencio y luego oyó la voz delicada como la de un pájaro:
-Mala cosa.
-¿Por qué?
-Porque entonces no habrá Fantasia.
Bastián calló confundido. Su sensación de una libertad sin límites se veía poco a poco disminuida por el hecho de que todo dependiera de él.
-¿Por qué está todo tan oscuro, Hija de la Luna? -preguntó.
-Los comienzos son siempre oscuros, Bastián.
-Quisiera verte otra vez, Hija de la Luna. ¿Sabes? Como en el instante aquel en que me miraste.
Otra vez oyó la risa suave y cantarina.
-¿Por qué te ríes?
-Porque estoy contenta.
-¿Por qué?
-Acabas de formular tu primer deseo.
-¿Y lo cumplirás?
-Sí. ¡Extiende la mano!
Lo hizo y sintió que ella le ponía algo en la palma. Era diminuto pero, extrañamente, pesaba mucho. Daba frío y era duro y muerto al tacto.
-¿Qué es esto, Hija de la Luna?
-Un grano de arena -respondió ella-. Es todo lo que ha quedado de mi reino sin fronteras. Te lo regalo.
... Hija de la Luna, ¡no es un grano de arena! ¡Es una semilla luminosa que empieza a crecer!"