Si apareces de tanto en cuanto sé exactamente por qué.
Te quedas a menudo sentada en el sofá, esperando que suene el silbato que anuncia el turno de entrada a la fábrica. Fantaseas con él (con el silbato) con mirada lasciva y te decides a fumar tantos cigarrillos como puedan aguantar tus pulmones. Lo que darías por un trabajo en una fábrica de Londres.
Como la sirena no suena siempre de siempre, dejas que el sol y tu libido se caigan del todo por la ventana de atrás y buscas a tientas en el armario el peto azul, la camisa gris de tergal y una gorra cualquiera de Repsol que aísla tus ojos de miradas ajenas.
Te calzas las deportivas, te compruebas en el espejo y te largas de casa, ajustándote la mochila al hombro derecho, que sabes es el hombro que te deja mover así las caderas.
La noche es clara hoy y ha empezado a soplar viento del norte. En Canarias hay temporales y en la meseta, madrugadas heladas.
Es el momento perfecto para saltarte tus normas. Es hora de caminar erguida calle abajo. Nadie que no sea ilegal avanza así de erguida a las cinco de la mañana.
Me gusta verte andar como corresponde a tu rango.
No sé si eres Libra o Sagitario, serpiente o gallo. Tigre o mono.
Sé que estás en guerra.
Como yo, estás en guerra.
Y estás en una de esas guerras en las que no sabes por quién debes tomar partido.
Así que esta vez no puedes hacer el ranking de los superhéroes. No tienes trabajo, ni dinero, ni siquiera una misión en el wa del móvil que te diga que tienes que dejar el sexo porque tienes otras cosa que hacer.
Definitivamente, estás fuera de la ley.
Mides 50 pies.
Nadie te querrá si mides 50 pies.
Pero has conocido a alguien que mide más de 50 pies.
Cuando conoces a alguien que mide más de 50 pies te entran ganas de vivir y sales de casa con las botas puestas. Recoges la basura que nadie recoge y cierras los ojos con una sonrisa en los labios.
Y no puedes dejar de recitar el catalán que canta Serrat. .
Y pinchas una y otra vez la canción que te dice que "de vez en cuando la vida toma contigo café y está tan bonita que da gusto verla, se suelta el pelo y te invita a salir con ella a escena"
Y aún llega la canción más allá. Te dice que "de vez en cuando la vida cocina con el pincel, se nos eriza la piel y faltan palabras para nombrar lo que ofrece a los que saben usarla. "
Y te dices, como un mantra,: "ca c´est pour moi le plus triste et le plus belle paysage du monde. C´est ici ou le petit prince a apparu sur terre".
Y sabes que, a veces, la vida "afina con un pincel".
Y se nos eriza la piel.
Y eres tan feliz que da gusto verte.
Y es entonces cuando, al darte cuenta de que experimentas contigo como si rodaras un documental de National Geographic, entonces dejas de leer novelas de caballería, pones el antiespía a funcionar para que mañana funcione mejor y te acuestas.
Por eso de soñar, antes de enfrentarte a los molinos de viento.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
martes, 29 de octubre de 2013
Inspiración en gravedad cero.
"No me interesa," les dices, "a mi tampoco me va bien".
Pero ellos, los del bar de la vuelta de la esquina de tu casa, te enseñan una lotería que siempre toca. "Es la lotería de Franco", te dicen, bajando la voz."Toca siempre"-
A veces te parece que esta casa es como "Heaven", el bar a donde iban los Talking Heads cuando querían que nunca pasara nada. Te parece también que estás en silencio porque sabes que el sonido no se transmite en ausencia de atmósfera. Esta casa se está convirtiendo en una especie de nave espacial que te aísla del mundo exterior.
Como sigas así, pronto descolgarás el teléfono y llamarás a Huston, diciendo que no tienes ningún problema. Si no contestan, ni tan mal. Al fin y al cabo, la inspiración en Gravedad Cero no es acuciante en absoluto. Todo va más despacio aquí.
Vamos a probar a qué sabe el color verde.
miércoles, 2 de octubre de 2013
A tu hermana
No huyas, no corras, no aparques, no recuerdes, no pienses, no sientas.
A mamá le duele la cabeza y el vientre.
Mamá es mayor de lo que tú pensabas.
No huyas, no corras, no aparques, no recuerdes, no sientas.
Mamá se esconde del dolor.
No pienses.
Recuerda, pero no corras ni aparques en prohibido.
No transgredas, pero sé especial, te dice tu madre. Y te preguntas qué coño habrá querido decir con eso.
Dedicas la vida a ser especial durante años.
Y no lo consigues.
Lo consigues, pero no siempre lo consigues.
Lo consigues, pero no siempre lo consigues.
Lo consigues casi siempre, te dices, y andas por ahí, por el mundo, creyendo que la vida te fue dada; que te quedaste a la orilla del río por ver si los salmones remontaban.
Tú sabes que no remontan.
Tú sabes que tenemos prohibido aparcar aquí.
Pero mañana te convenceré para que vengas.
sábado, 14 de septiembre de 2013
Cuando éramos héroes
No te podían gustar al mismo nivel Iron Man, todo cerebro y ambición, él, y Capitán América, un mutante involuntario condenado a vivir eternamente un viaje en el tiempo.
Podías dudar entre Catgirl y Elasti-girl (lo de ser zorra y madre de familia al mismo tiempo lo dabais por descontado), pero al final había que elegir.
Tú siempre te hacías un lío: te gustaba conducir de noche, mandar a la gente a tomar por culo, ganar mucha pasta, sentir melancolía del futuro, follar y ser un paracaídas para los amigos.
La gente se posicionaba, decidía qué héroe quería ser esa noche y adoptaba su personalidad.
Después cambiabais el juego. Ahora se trataba de elegir la última cena de vuestras vidas. Estamos en el corredor de la muerte y mañana nos matan, decíais. ¿Qué cenaríais?
Pasabais de los huevos fritos al caviar sin solución de continuidad. Entonces recordabas que Pedro te dijo un día que los huevos fritos, mejor con caviar que con sal. Y sonreías en secreto.
Al final de aquellas noches, justo antes de acostaros, los que todavía quedabais vivos después de apostaros el sueño a paisajes más blancos que los de aquel agosto, os tirabais al suelo a ver las estrellas. Había una banda sonora para esos momentos: "Nine million bicycles". Es cierto que aquel verano apenas pasaban estrellas fugaces por el cielo de vuestros ojos, pero daba igual. En ese momento, os queríais mogollón. Concretamente, tú, se lo decías a todo el mundo.
A la exaltación de la amistad le sucedía la deserción. Os ibais dejando unos a otros en posición horizontal y tú lograbas siempre alcanzar la cama. Te quitabas la ropa de domingos al sol y sacabas de la maleta el traje, la camisa blanca y la corbata negra. Luego te ajustabas el sombrero, cruzabas los brazos sobre el pecho y sabías que, a la mañana siguiente, recordarías el tiempo en que fuiste toda un héroe.
martes, 3 de septiembre de 2013
Madrugadas del ángel caído
Catorce minutos han pasado ya desde que es mañana. Has llegado a casa por una calle vacía, sin bares, flanqueada por árboles a la derecha y trastiendas de hospitales a la izquierda. Una calle con tantas sombras que podría esconder una convención mundial de asesinos en serie acechando a su víctima.
¡Cómo si hoy fuera posible que existieran los asesinos en serie!
Los asesinos en serie han desaparecido.
A cambio, en la acera de la derecha ves el pabellón de "Maternidad;" en el de la izquierda pone "Duelos"
La gente fuma igual cuando nacen niños que cuando muere la gente.
En España nunca hubo asesinos en serie, desde luego. Un par de portadas del siglo XX que pudieron confundir a los investigadores, pero poco más. Aquí, cuando se mata, se mata de una vez. Con dos cojones. Nada de muertes jeroglíficas para demostrarle a Feud que me cago en mi puto padre. Aquí se mata a las mujeres porque "era mía" y a los traficantes porque "no había".
Cuando hablas de asesinos en serie te refieres a que ya no tienes miedo (tal vez nunca lo tuviste) a caminar por calles casi oscuras, iluminadas con focos que trampean las sombras y las vuelven espectros. Calles que, en su languidez, se desploman sobre un suelo lánguido, también, que las devuelve al cielo. (Se nota que ayer fuiste a ver a Dalí un par de horas antes de que cerraran).
Es imposible que haya asesinos en serie escondidos en esos oscuros rincones que te llevan a casa. Hace tiempo ya que dejaste el oficio de matar y nadie se acerca a tu ventana para cambiarte un 22 por una 48.
Nadie lleva una Colt en la cintura.
Quién podría, en los tiempos que corren.
Y confieso que me gustaría.
Confieso también que si el mundo sigue así, mis alas se empaparán de agua.
Y yo fumo demasiado como para sobrevivir mucho tiempo con las alas mojadas.
¡Cómo si hoy fuera posible que existieran los asesinos en serie!
Los asesinos en serie han desaparecido.
A cambio, en la acera de la derecha ves el pabellón de "Maternidad;" en el de la izquierda pone "Duelos"
La gente fuma igual cuando nacen niños que cuando muere la gente.
En España nunca hubo asesinos en serie, desde luego. Un par de portadas del siglo XX que pudieron confundir a los investigadores, pero poco más. Aquí, cuando se mata, se mata de una vez. Con dos cojones. Nada de muertes jeroglíficas para demostrarle a Feud que me cago en mi puto padre. Aquí se mata a las mujeres porque "era mía" y a los traficantes porque "no había".
Cuando hablas de asesinos en serie te refieres a que ya no tienes miedo (tal vez nunca lo tuviste) a caminar por calles casi oscuras, iluminadas con focos que trampean las sombras y las vuelven espectros. Calles que, en su languidez, se desploman sobre un suelo lánguido, también, que las devuelve al cielo. (Se nota que ayer fuiste a ver a Dalí un par de horas antes de que cerraran).
Es imposible que haya asesinos en serie escondidos en esos oscuros rincones que te llevan a casa. Hace tiempo ya que dejaste el oficio de matar y nadie se acerca a tu ventana para cambiarte un 22 por una 48.
Nadie lleva una Colt en la cintura.
Quién podría, en los tiempos que corren.
Y confieso que me gustaría.
Confieso también que si el mundo sigue así, mis alas se empaparán de agua.
Y yo fumo demasiado como para sobrevivir mucho tiempo con las alas mojadas.
martes, 20 de agosto de 2013
El raro y lánguido verano
¡Buf! ¿Por dónde empiezas después de dos meses?
El coche no sirve para viajar porque no pasas la ITV; la casa se vuelve hostil porque ya no soporta el calor que alberga; los gatos que no elegiste se pelean a muerte sobre el parqué y tu cabeza.
No se soportan, ni te soportan.
Los amigos te llaman -lógico-porque te quieren cuidar. Te llevan a piscinas de ensueño para que pienses que la vida no va tan mal. Te invitan a cañas que no puedes pagar en honor de algún lejano favor que ya ni recuerdas. Te proporcionan hombres de todas las nacionalidades posibles para que te admiren. Te quieren, de eso no hay duda, y te proyectan espejismos que, mientras duran, crees a pies juntillas. Como crees que, si miras al noroeste, verás las Perseidas rasgar el cielo con dientes de tiza.
Está siendo un verano tan raro, tan largo y tan lánguido que no sabes por dónde te da el aire que hoy no sopla en Madrid.
En Madrid no sopla nada últimamente.
Y no sabes si "tal vez será su voz o tal vez será tu alcohol".
El coche no sirve para viajar porque no pasas la ITV; la casa se vuelve hostil porque ya no soporta el calor que alberga; los gatos que no elegiste se pelean a muerte sobre el parqué y tu cabeza.
No se soportan, ni te soportan.
Los amigos te llaman -lógico-porque te quieren cuidar. Te llevan a piscinas de ensueño para que pienses que la vida no va tan mal. Te invitan a cañas que no puedes pagar en honor de algún lejano favor que ya ni recuerdas. Te proporcionan hombres de todas las nacionalidades posibles para que te admiren. Te quieren, de eso no hay duda, y te proyectan espejismos que, mientras duran, crees a pies juntillas. Como crees que, si miras al noroeste, verás las Perseidas rasgar el cielo con dientes de tiza.
Está siendo un verano tan raro, tan largo y tan lánguido que no sabes por dónde te da el aire que hoy no sopla en Madrid.
En Madrid no sopla nada últimamente.
Y no sabes si "tal vez será su voz o tal vez será tu alcohol".
lunes, 17 de junio de 2013
El ruido y la furia
Consumes tanta cerveza como aceite tu coche. Más o menos, dos litros a la semana. Pero eso depende del día. Hay veces que más.
Los rodamientos del coche hacen tanto ruido como tus rodillas. Y sabes que no es artrosis, sino bailes de puntillas al amanecer. Si un coche no te aguanta una noche de fiesta, es mejor que lo des por perdido.
Abandonas el coche, te quitas los tacones y te calzas un casco en la cabeza. El casco es negro, por supuesto. Luego levantas la pierna derecha, ajustas bien el culo en el asiento y empujas con el talón izquierdo hacia atrás el cabestrillo en el que apoya la rueda trasera después de darle al contacto.
La moto arranca, metes la primera velocidad con la mano izquierda y con la derecha aceleras.
No era tan difícil, te dices.
Hay veces que el ruido tiene que superar a la furia
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