Quién pudiera estar en Sao Paulo, conduciendo en paralelo al camión que avanza junto al graffitti. Veinte metros más adelante hay un atasco del infierno. Uno de esos atascos que te hacen odiar una ciudad. O amarla, porque tienes más tiempo para mirarla. Ahora mismo daría lo que fuera por ser Arthur Dent. Tomaría una cerveza con Ford Prefect, leeríamos juntos la "Guía del Autoestopista Galáctico" y subiríamos a la nave de Zaphod Beeblebrox. Un pirata de dos cabezas puede ser un buen piloto para salir de Chueca y en menos que canta un gallo plantarte en la rodovía Ayrton Senna antes de que el mundo se acabe.
sábado, 28 de febrero de 2009
Cómo salir de Chueca en nave espacial
Quién pudiera estar en Sao Paulo, conduciendo en paralelo al camión que avanza junto al graffitti. Veinte metros más adelante hay un atasco del infierno. Uno de esos atascos que te hacen odiar una ciudad. O amarla, porque tienes más tiempo para mirarla. Ahora mismo daría lo que fuera por ser Arthur Dent. Tomaría una cerveza con Ford Prefect, leeríamos juntos la "Guía del Autoestopista Galáctico" y subiríamos a la nave de Zaphod Beeblebrox. Un pirata de dos cabezas puede ser un buen piloto para salir de Chueca y en menos que canta un gallo plantarte en la rodovía Ayrton Senna antes de que el mundo se acabe.
lunes, 19 de enero de 2009
Olivia querría estar allí
martes, 4 de noviembre de 2008
Pura locura
Sólo ha durado unos segundos, la luz, me refiero, pero ha sido sorprendente. A punto de esconderse, el sol ha iluminado el edificio que hay frente a mi apartamento. El edificio es alto y blanco y la luz, al reflejarse en él, como si fuera la pantalla de un fotógrafo, ha rebotado y me ha dado directamente en los ojos. Me pregunto cuántos párpados se habrán cerrado hoy, cegados por el sol.
No hay ningún misterio en la luz del atardecer, pero sí en cómo las flores de la terraza han comenzado, inmediatamente después, a emanar un fuerte y dulce olor. No me haría estas preguntas si no anduviera sumergida desde hace tres horas en los mundos de varias dimensiones que relata "El fin de Mr. Y". He elegido el libro para salir un rato de mi propia mente, que a veces, como dijo ayer una mujer acerca del metro de SaoPaulo cuando entró a empujones en el vagón, me parece "pura locura". Igual que los libros, las flores y las luces que se reflejan en los rascacielos de esta ciudad.
miércoles, 22 de octubre de 2008
Mujeres que duermen
Y miento, porque en Beijing los baños públicos tenían letrinas. Será que las mujeres chinas prefieren mojarse los tobillos a sentarse en un lugar en el que se ha sentado medio planeta.
Es cuestión de gustos, o de costumbres.
A Mafalda le preocupaban mucho los chinos. Decía que no era lógico que ellos se fueran a trabajar mientras los demás dormíamos, que eso era competencia desleal.
A Murakami, en cambio, en After Dark, le preocupan los televisores que en medio de la noche secuestran a mujeres de sus dormitorios y las llevan a una dimensión en la que la realidad es otra. Sólo lo hacen con aquellas mujeres que no quieren despertar, mientra que las que están despiertas tienen que velar el sueño de las que duermen. Hay muchas maneras de dormir y una mujer que permanece despierta debe mantener la alerta. Así ha sido siempre, desde que el mundo es mundo en Sao Pauo, en Beijing y en Kioto. Me pregunto qué mujer estará velando por mi en España.