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sábado, 28 de febrero de 2009

Cómo salir de Chueca en nave espacial


Quién pudiera estar en Sao Paulo, conduciendo en paralelo al camión que avanza junto al graffitti. Veinte metros más adelante hay un atasco del infierno. Uno de esos atascos que te hacen odiar una ciudad. O amarla, porque tienes más tiempo para mirarla. Ahora mismo daría lo que fuera por ser Arthur Dent. Tomaría una cerveza con Ford Prefect, leeríamos juntos la "Guía del Autoestopista Galáctico" y subiríamos a la nave de Zaphod Beeblebrox. Un pirata de dos cabezas puede ser un buen piloto para salir de Chueca y en menos que canta un gallo plantarte en la rodovía Ayrton Senna antes de que el mundo se acabe.

lunes, 19 de enero de 2009

Olivia querría estar allí

Olivia ha despertado otra vez bañada en sudor. En los últimos días su cuerpo se vuelve agua por las noches. Su piel se licúa de tal modo que debe cambiar las sábanas cada mañana. Huele a almizcle y a Olivia le extraña, porque debería oler a azufre. Echa de menos el olor a azufre y recuerda que hace tiempo que no tiene noticias de Gilbert. Si hasta el mismo diablo la abandona para quedarse en una playa del litoral norte de Sao Paulo es que las cosas no andan muy bien. Hoy Olivia daría lo que fuera por firmar su contrato con el diablo. Hoy vendería su alma por un poco de concentración y por sentarse a su lado en ese banco que mira al Altántico desde la otra orilla.

martes, 4 de noviembre de 2008

Pura locura

Sólo ha durado unos segundos, la luz, me refiero, pero ha sido sorprendente. A punto de esconderse, el sol ha iluminado el edificio que hay frente a mi apartamento. El edificio es alto y blanco y la luz, al reflejarse en él, como si fuera la pantalla de un fotógrafo, ha rebotado y me ha dado directamente en los ojos. Me pregunto cuántos párpados se habrán cerrado hoy, cegados por el sol.
No hay ningún misterio en la luz del atardecer, pero sí en cómo las flores de la terraza han comenzado, inmediatamente después, a emanar un fuerte y dulce olor. No me haría estas preguntas si no anduviera sumergida desde hace tres horas en los mundos de varias dimensiones que relata "El fin de Mr. Y". He elegido el libro para salir un rato de mi propia mente, que a veces, como dijo ayer una mujer acerca del metro de SaoPaulo cuando entró a empujones en el vagón, me parece "pura locura". Igual que los libros, las flores y las luces que se reflejan en los rascacielos de esta ciudad.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Mujeres que duermen

Todos los váteres son iguales en todas las ciudades del mundo. Cosas de la globalizacion. O de que son un buen invento, me digo.
Y miento, porque en Beijing los baños públicos tenían letrinas. Será que las mujeres chinas prefieren mojarse los tobillos a sentarse en un lugar en el que se ha sentado medio planeta.
Es cuestión de gustos, o de costumbres.
A Mafalda le preocupaban mucho los chinos. Decía que no era lógico que ellos se fueran a trabajar mientras los demás dormíamos, que eso era competencia desleal.
A Murakami, en cambio, en After Dark, le preocupan los televisores que en medio de la noche secuestran a mujeres de sus dormitorios y las llevan a una dimensión en la que la realidad es otra. Sólo lo hacen con aquellas mujeres que no quieren despertar, mientra que las que están despiertas tienen que velar el sueño de las que duermen. Hay muchas maneras de dormir y una mujer que permanece despierta debe mantener la alerta. Así ha sido siempre, desde que el mundo es mundo en Sao Pauo, en Beijing y en Kioto. Me pregunto qué mujer estará velando por mi en España.

lunes, 22 de septiembre de 2008

El constante tránsito de lo oscuro a lo oscuro

El invierno es el tiempo perfecto para hacer cucharita, que consiste en adoptar la posición de la imagen con la modelo invertida en el lado contrario.
El invierno me hace pensar en la nieve que no veré en Sao Paulo.
Allí ha empezado la primavera y es por todos sabido que en la primavera tropical no nieva nunca.
Pienso en ello y pienso también en los millones de personas junto a los que caminaré en la ciudad. Millones de caras, cada una distinta y todas iguales. Caras con quehaceres y vaivenes, distintos a los míos y al mismto tiempo idénticos.
Leonid Andréyev, en "Los espectros", dice que la gente que entra y sale esta noche del Babilionia parece la misma gente, pero que no lo son. "En realidad son distisntos...", como los copos de nieve, "...en su constante tránsito de lo oscuro a lo oscuro".